Mª Ana Mogas nació en Corró del Val, Granollers (Barcelona) en 1827. Pasó su infancia en este pueblecito, pero con la muerte de sus padres, su madrina, Dª María Mogas, se la llevó a Barcelona acogiéndola como a una hija y ofreciéndole una buena formación.
Tras el primer tiempo de adaptación, parece que se lo pasaba bastante bien en su nueva vida. Se preocupaba de ser buena estudiante, de su familia y sus amistades, a la vez que rezaba y se esforzaba por ser un poco mejor cada día.
Poco a poco fue surgiendo en ella una inquietud ante las grandes necesidades que detectaba a su alrededor: las niñas y los niños sin medios para su formación, los ancianos, los enfermos, los pobres... ¡No podía quedarse tan tranquila, mientras a ella no le faltaba de nada! Empezó a sentir que Jesús la llamaba a vivir como Él y dedicarse totalmente a los demás. Percibió que era urgente salir de sus comodidades para entregar su vida a los pequeños del Evangelio, a los que no cuentan para la sociedad, y ahí empezaron los problemas.

Todos decían que la querían, pero cuando comunicó por dónde deseaba orientar su vida, se encontró con la incomprensión y el rechazo. ¡Cómo se le ocurría semejante locura! Si eso de "ser monja" era un "rollo" y, total, para hacer cosas por los demás, se podía hacer muy bien sin ser religiosa.
Pero Mª Ana siguió adelante. Fue capaz de mantenerse firme en medio de todas las dificultades y ser fiel a la llamada que sentía interiormente. Quería que toda su vida fuera para el Señor y para los demás, así como dedicar todas sus fuerzas, su persona y su existencia, a quienes más lo necesitaban.
Descubrió que hay mayor alegría en dar que en recibir, que sólo podía ser feliz viviendo tal y como Jesús había vivido, en comunidad y al servicio de los pobres.
Con 23 años tuvo que escapar de casa para poder seguir la llamada del Señor. Después de no pocas dificultades, pudo incorporarse a las jóvenes que la estaban esperando y convertirse en la fundadora.
Al añadirse más jóvenes a su estilo de vida franciscano, pudieron ir a distintos lugares. Primero por Cataluña, después a Madrid y, desde aquí, al resto de España. Dedicadas sobre todo a la educación y a la sanidad, las franciscanas misioneras de la Madre del Divino Pastor aprendieron de su Fundadora a vivir su lema de "Amor y sacrificio".
El 3 de julio de 1886 muere María Ana en Fuencarral (Madrid). Tenía 59 años de edad y todos decían "ha muerto una santa". Su Congregación, que tanto quería se extendió por Europa, América y África.
El 6 de octubre de 1996, S.S. Juan Pablo II la proclamó beata.